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Las asambleas antibolonia, la resistencia desde el corazón de la Universidad


No a Bolonia Mentiras y verdades

  • Nacieron hace años, pero su actividad se ha incrementado en los últimos meses
  • Han convocado una huelga general de estudiantes para el 12 de marzo
  • Aseguran que se «mercantilizará» la universidad y «desaparecerán las becas»
  • Niegan que «exista una mano negra» antisistema o de extrema izquierda detrás de ellos
  • El carácter asambleario del movimiento dificulta cuantificar su dimensión real
  • En el referéndum de Bolonia de la Universidad de Barcelona sólo votó el 20% del alumnado

Enlace para ver video: http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090305/asi-movimiento-estudiantil-contra-bolonia/438131.shtml

Llevan ahí varios años, pero sus voces se han comenzado a escuchar más altas en los últimos meses con encierros en las Universidades y una actividad más coordinada. Se oponen al Proceso de Bolonia porque aseguran que «mercantiliza» la enseñanza superior, porque los master «serán más caros», porque «no se podrá trabajar y estudiar a la vez» y porque «nos preocupa que los préstamos-renta acaben reemplazando a las becas», entre otros argumentos.

Son los universitarios antibolonia, organizados en un movimiento asambleario de escala estata. Cuentan con asambleas en distintas facultades o universidades (si no son muy grandes) coordinadas entre sí, explica Nicolás Cardozo, miembro de la comisión de prensa de las Asambleas de Estudiantes contra Bolonia de Madrid. En la página web que han puesto en marcha, www.noabolonia.org, figuran más de 40 asambleas en toda España. La mayoría son de Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, ciudades donde existe mayor movilización.

En la Universitat de Barcelona, por ejemplo, un importante grupo de estos alumnos lleva encerrado desde el pasado mes de noviembre en el edificio histórico de la Plaza de la Universitat de la capital catalana, en pleno centro de la ciudad.

Cardozo insiste en que es un movimiento horizontal, en el que cada decisión es debatida y consensuada por todos los participantes. Hay encuentros a nivel estatal, a las que acuden los portavoces rotativos. Las propuestas salidas de estos encuentros se someten después a la decisión de cada asamblea de base por consenso.

Cualquiera puede acudir. Están abiertas a todos los que tengan algo que decir y las decisiones se toman contando con la opinión de todos. Por este motivo, Cardoso niega que «haya detrás ninguna mano negra» que dirija el movimiento, en alusión a los que les critican por estar ‘manejados’ por grupos antisistema o de extrema izquierda. Les une su oposición al Proceso de Bolonia, nada más. Luego, cada uno, puede tener las ideas que quiera.

Asegura que «no sabe por qué les llaman antisistema, cuando lo único que piden es democrácia» y que la ministra, Cristina Garmendia, se siente a debatir, en un debate público real, con ellos.

La dimensión del movimiento antibolonia

¿Pero cuánta gente aglutina el movimiento? ¿Es verdaderamente representativo de la comunidad universitaria? Nicolás Cardozo reconoce que no tienen datos sobre el número de gente que están moviendo las asambleas por la propia naturaleza del movimiento, en el que puede participar cualquier persona que se oponga a Bolonia. No hay que apuntarse en ninguna lista, basta con asistir a una asamblea, ir a una manifestación o encerrarse una noche en la facultad.

Los encierros, que se han extendido durante las últimas semanas por universidades de toda España, suelen estar protagonizados por entre 30 o 40 personas, que se van turnando. A las asambleas pueden asistir centenares de estudiantes.

¿Pero a cuántos de los 1,3 millones de universitarios que hay actualmente en la universidad les importa realmente Bolonia? La semana pasada la Universidad de Barcelona, una de las más movilizadas, celebró un referéndum para preguntar a los alumnos si debía paralizarse el proceso para «abrir un debate sobre el futuro de la universidad pública». El 93,1% se mostró a favor de parar Bolonia, pero apenas voto el 20% de los alumnos. A este dato, que puede parecer pobre, los alumnos contraponen otro: sólo un 6% del censo votó al rector, lo que da una idea de lo difícil que es movilizar el voto y, por tanto, la importancia que tiene un 20% del censo.

Nicolás Cardozo, que en este caso habla a título personal porque lo ocurrido en Barcelona todavía no ha sido analizado por las asambleas, reconoce que es un porcentaje bajo acorde con la «escasa participación» que generalmente se da entre los universitarios. Pero aún así, destaca que es mayor que otras votaciones en las que participa aún menos gente (0,07% en la votación de representantes de alumnos en algunos departamentos de la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, por ejemplo).

Aun así, los estudiantes insisten en que la medida de la movilización la dan las huelgas celebradas hasta ahora, con la mayoría de las universidades paradas y una gran cantidad de facultades cerradas por completo. El próximo 12 de marzo, su musculatura pasará por otro importante test.

Sus argumentos contra Bolonia

En su página web tienen un documento ‘¿Por qué No a Bolonia?’ en el que explican su motivos para oponerse a la reforma de la Universidad. Muchas de sus afirmaciones han sido negadas desde el Ministerio de Ciencia e Innovación, del que depende en esta legislatura la enseñanza superior.

Aseguran que «les preocupa que dejen de existir las becas tal y como las conocemos, siendo reemplazadas por las llamadas becas-préstamo (préstamos bancarios a devolver con intereses)».

El director general de Universidades, Felipe Petriz, ha negado esta afirmación. Las becas normales se mantendrán en los grados y máster. En estos últimos, el Gobierno asegura que habrá, además, la opción de pedir un préstamo-renta a devolver sin intereses para los alumnos que sobrepasen los niveles económicos que dan derecho a una beca normal.

Desde las asambleas mantienen también que de los cuatro años que durará el grado, «tan sólo año y medio será de formación específica relacionada con la titulación, perdiéndose las atribuciones profesionales».

Sostienen además que el sistema de créditos europeos supondrá 40 horas de trabajo semanales lo que «imposibilitará compaginar el estudio universitario con el trabajo».

Aseguran que el grado «servirá de introducción y adaptación al mercado laboral y será comparable a la actual FP, estando orientao al ejercicio de actividades profesionales, y a la fabricación, de trabajadores precarios».

Dan por seguro, que habrá que dedicar hasta «un año de trabajo no remunerado para poder acceder al título», cuando todavía está por ver cómo se gestionan las prácticas, si se tienen que pagar o no.

Insisten también en que los master tendrán «un carácter elistista» al ser sus precios «entre tres y seis veces superiores a los de las actuales carreras universitarias, y de casi tres veces el de los grados» y tener números clausus.

Critican que la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y la Acreditación (ANECA) es la que decide qué carreras se podrán o no estudiar «guiada por criterios de rentabilidad y atendiendo a intereses empresariales».

Se comunican por internet. Es el medio que tienen de transmitir sus argumentos. Afirman que hay «mucha desinformación» y que les toca «combatir contra la propaganda» que difunde el Ministerio, en su opinión. Pero lo cierto es que, en la Red, donde acuden a informarse los jóvenes, es más fácil encontrar páginas web en contra que a favor de la reforma. Aun así, los estudiantes lamentan la poca presencia que tienen en los grandes medios de comunicación de masas, como la radio y la televisión.


24 noviembre 2009