{"id":291,"date":"2009-12-04T14:02:59","date_gmt":"2009-12-04T12:02:59","guid":{"rendered":"http:\/\/antropologia.zeus.umh.es\/?p=291"},"modified":"2009-12-04T14:02:59","modified_gmt":"2009-12-04T12:02:59","slug":"r-llobera-josep-la-identidad-de-la-antropologiabarcelona-anagrama-1990","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/antropologia.umh.es\/en\/2009\/12\/04\/r-llobera-josep-la-identidad-de-la-antropologiabarcelona-anagrama-1990\/","title":{"rendered":"R. LLOBERA, Josep La Identidad de la Antropolog\u00eda.Barcelona, Anagrama. 1990"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/antropologia.umh.es\/files\/2009\/12\/la_identidad_de_la_antropologia.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-292\" src=\"https:\/\/antropologia.umh.es\/files\/2009\/12\/la_identidad_de_la_antropologia.jpg\" alt=\"\" width=\"95\" height=\"150\" \/><\/a><\/p>\n<p>Por Joan Bestard Camps<\/p>\n<p>Desde hace ya algunos a\u00f1os en las revistas especializadas de Antropolog\u00eda Social aparecen art\u00edculos, discusiones y pol\u00e9micas en torno a los principios del conocimiento antropol\u00f3gico y a la legitimidad de dicho conocimiento. Si bien esta interrogaci\u00f3n sobre las formas de comprender y conocer ha sido la constante en el seno de las disciplinas sociales -lo que conduce a los observadores externos a considerarlas como disciplinas en crisis permanente-, en estos momentos la discusi\u00f3n se ha ido centrando en la forma de generar los conocimientos en el trabajo de campo y en la escritura de la etnograf\u00eda. As\u00ed han ido proliferando reflexiones en torno al trabajo de campo y se han ido analizando las etnograf\u00eda como textos. Si en los a\u00f1os sesenta el problema del conocimiento antropol\u00f3gico se planteaba en t\u00e9rminos de paradigmas te\u00f3ricos, la nueva moda trata de convencernos de que dicho problema se origina en el proceso en que las etnograf\u00edas se constituyen como tales: en el trabajo de campo y en la escritura etnogr\u00e1fica. Si antes se hablaba en t\u00e9rminos de epistemolog\u00eda y metodolog\u00eda, actualmente se habla de ret\u00f3rica y de narratividad. Ante el mundo cambiante a que se enfrentan los antrop\u00f3logos debido a la situaci\u00f3n post-colonial y a la criollizaci\u00f3n de las culturas, parece que los m\u00e1s importante estriba en tomar conciencia de la relaci\u00f3n establecida en el trabajo de campo y de los instrumentos ret\u00f3ricos a trav\u00e9s de los cuales se representa dicha experiencia. Los viejos modelos de narraci\u00f3n realista de la etnograf\u00eda han dejado de ser v\u00e1lidos y ha ido creciendo el af\u00e1n por experimentar nuevas formas de representaci\u00f3n, en crear nuevos textos y nuevas narraciones en que se registren las diferentes voces del Otro. La cuesti\u00f3n del cambio en la definici\u00f3n de las culturas ha sido desplazado hacia un cambio en la estructura narrativa de los textos etnogr\u00e1ficos y todo el problema del conocimiento antropol\u00f3gico parece reducirse a una disputa en torno a nuevos g\u00e9neros literarios para la representaci\u00f3n etnogr\u00e1fica. Los nuevos tiempos necesitan nuevos escribas, nuevos autores y nuevos textos.<\/p>\n<p><!--more-->Al mismo tiempo que la elite intelectual de la antropolog\u00eda ha ido debatiendo las bases de su conocimiento en una contemplaci\u00f3n narcisista de su actividad personal de relaci\u00f3n con el Otro y ha ido experiementando con mayor o menor acierto nuevas formas de escritura etnogr\u00e1fica, otros antrop\u00f3logos m\u00e1s pragm\u00e1ticos, m\u00e1s anodinos, con menos conciencia cr\u00edtica o con m\u00e1s dosis de cinismo, han ido vendiendo sus conocimientos a las instituciones estatales o multiestatales de turno haciendo creer que podr\u00edan arreglar los males en las culturas siempre que fueran detectados con precisi\u00f3n profesional y con tal de que se prescindiera de su malestar fundamental. As\u00ed han ido proliferando, bajo diversos nombres, nuevas formas de antropolog\u00eda aplicada que escandalizan a aquellos antrop\u00f3logos formados en las discusiones pol\u00edticas y cr\u00edticas de los a\u00f1os setenta.<\/p>\n<p>Ante este panorama, m\u00e1s bien desolador, de nuevos escribas de la etnograf\u00eda o nuevos profesionales de la antropolog\u00eda, Josep R. Llobera nos ofrece un libro explicitamente pol\u00e9mico contra la beater\u00eda intelectual de los que van repitiendo las frases y las modas del \u00faltimo posmoderno de turno. En el primer cap\u00edtulo y en tercero &#8211; &#8220;El trabajo de campo, \u00bfpanacea antropol\u00f3gica o camisa de fuerza epistemol\u00f3gica?&#8221;,&#8221;El presente antropol\u00f3gico&#8221;- desenmascara la pretendida humildad hermen\u00e9utica ante el Otro de aquellos antrop\u00f3logos que ponen en el centro de su conocimiento la experiencia del trabajo de campo y van autocontempl\u00e1ndose en esta artificiosa experiencia en el coraz\u00f3n de las tinieblas que toma forma de texto etnogr\u00e1fico cargado de reflexividad. La problema al que llegan estos nuevos etn\u00f3grafos parece evidente: \u00bfc\u00f3mo es posible un conocimiento cient\u00edfico supuestamente impersonal a partir de una experiencia profundamente personal de relaci\u00f3n con el Otro?. Su soluci\u00f3n no deja de ser simplista: negar toda pretensi\u00f3n cient\u00edfica a la antropolog\u00eda y seguir adelante experimentando nuevas formas de representaci\u00f3n etnogr\u00e1fica. Josep R. Llobera se sit\u00faa claramente contra dicho planteamiento y, en un tono provocador y brillante, analiza los presupuestos que han conducido a la comunidad antropol\u00f3gica a dicha situaci\u00f3n, desde la reificaci\u00f3n del trabajo de campo como rito de paso para la identidad del antrop\u00f3logo hasta la huida del desaf\u00edo cient\u00edfico que ha representado la reflexividad del encuentro etnogr\u00e1fico convertida en la raz\u00f3n de ser de la disciplina.<\/p>\n<p>Si bien estos dos cap\u00edtulos puede provocar respuestas airadas entre los intelectuales o antrop\u00f3logos del pais que hayan descubierto a Cl. Geertz o a J. Clifford y hayan sido subyugados por el arte de su ret\u00f3rica, no creo que el segundo cap\u00edtulo y su excursus-&#8220;El Mediterr\u00e1neo, \u00bf\u00e1rea cultural o espejismo antropol\u00f3gico?&#8221;, &#8220;El imperialismo cultural del Norte&#8221;-, escrito tambi\u00e9n en el mismo tono pol\u00e9mico y quiz\u00e1s m\u00e1s mordaz que los anteriores, suscite entre nuestros medios profesionales la misma airada reacci\u00f3n que caus\u00f3 hace casi dos a\u00f1os un art\u00edculo semejante escrito por Josep R. Llobera en una revista profesional inglesa. En esta ocasi\u00f3n abundaron las cartas al director y el tono de la discusi\u00f3n rozaba el insulto personal, como si todos los antrop\u00f3logos ingleses o americanos que hab\u00edan escrito en el Mediterr\u00e1neo se sintieran atacados en lo m\u00e1s \u00edntimo de sus fantasmas intelectuales. Muchos antrop\u00f3logos del Sur de Europa consideramos pertinentes la cr\u00edtica a las etnograf\u00edas que en nombre del \u00e1rea Mediterranea han pretendido primitivizar unas gentes claramente inmersas en la historia desde hace muchos siglos. Creo, sin embargo, que la lectura de esta cr\u00edtica a los modelos del Norte no permite ning\u00fan resquicio a la autocontemplaci\u00f3n satisfecha de las producciones intelectuales de los antrop\u00f3logos que han nacido y trabajan en los m\u00e1rgenes de Europa ni a la ausencia de reflexi\u00f3n sobre las complejas relaciones que en una ciencia social la comunidad cient\u00edfica local mantiene con la internacional. Ni el parroquialismo del \u00e1rea cultural ni el nacionalismo de la burocracia intelectual son una alternaniva a la antropolog\u00eda del Med\u00edterraneo ni menos a\u00fan a los retos a que est\u00e1 enfrentada la antropolog\u00eda en el futuro.<\/p>\n<p>Si la lectura de estos tres cap\u00edtulos ya son suficientes para suscitar pasi\u00f3n intelectual y sentirse provocado en una pol\u00e9mica en torno a la identidad de la antropolog\u00eda, creo que merece la pena destacarse el excursus titulado &#8220;El etn\u00f3grafo y el racismo&#8221;, sobre todo si el lector est\u00e1 interesado en interrogarse en las raices culturales de algunos de nuestros prejuicios m\u00e1s profundos y no tiene suficiente en las respuestas dadas por el relativismo cultural. Aqu\u00ed Josep R. Llobera, en contra de lo que pudiera sugerir una lectura apresurada del primer cap\u00edtulo del libro, nos ofrece una brillante reflexi\u00f3n sobre su experiencia de trabajo de campo. Nos presenta el malestar cultural que supone trasladarse desde la vida acad\u00e9mica cosmopolita hasta una isla del Caribe e iniciar la observaci\u00f3n participante un atardecer de Carnaval y encontrarse inmerso en una multitud de personas desconocidas que adem\u00e1s son negras. All\u00ed surgen todos los prejuicios racistas que todo intelectual europeo se supone tiene superados, m\u00e1xime si es antrop\u00f3logo y su principio b\u00e1sico intelectual es la cr\u00edtica al etnocentrismo. En este excursus se pone de manifiesto este elemento reprimido que todo antrop\u00f3logo celosamente oculta o bien, como hiciera Malimowski, s\u00f3lo vierte en sus diarios \u00edntimos. Lo interesante de esta reflexi\u00f3n sobre una situaci\u00f3n inicial ca\u00f3tica en el trabajo de campo radica en que ello no se convierte ni en el acontecimiento negativo que se erige en el punto de partida de una etnograf\u00eda que, despu\u00e9s de un penoso proceso de liberaci\u00f3n de los prejuicios etnoc\u00e9ntricos, nos crea la ilusi\u00f3n de haber penetrado en las claves de una cultura, ni mucho menos en la base para reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento antropol\u00f3gico. Es simplemente una reflexi\u00f3n sobre la subjetividad etnogr\u00e1fica que no pretende convertirse en base del conocimiento antropol\u00f3gico, sino en corrector de las reacciones viscerales que permitan explorar el tema de la identidad \u00e9tnica. Cuesti\u00f3n te\u00f3rica que no se agota ni en el trabajo de campo ni en la auto-conciencia de la posici\u00f3n del etn\u00f3grafo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo quiero indicar que ni las reflexiones en torno al papel que juega el trabajo de campo en la antropolog\u00eda ni la cr\u00edtica la \u00e1rea cultural Mediterr\u00e1nea son en este ensayo unas meras discusiones de especialista sobre algunas parcelas cerradas de su disciplina. Siempre que un antrop\u00f3logo culto reflexiona sobre la identidad de su disciplina, en \u00faltima instancia escribe sobre la propia identidad cultural occidental y pone de manifiesto algunas de las preocupaciones fundamentales de su cultura. Por algo la antropolog\u00eda es una invenci\u00f3n de nuestra cultura. En este sentido creo que el ensayo de J. R. Llobera, en vez de ser leido dentro del marco estrecho de las pol\u00e9micas a que nos tienen acostumbrados los antrop\u00f3logos, tiene que ser considerado seriamente como unas notas por una definici\u00f3n de la cultura que se\u00f1alan tanto los propios problemas a los que nos hemos visto abocados en el presente como los retos que tenemos en el futuro. De esta manera, la lectura de este ensayo puede convertirse en una rica aproximaci\u00f3n a la escena cultural contempor\u00e1nea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Joan Bestard Camps<br \/>\nDesde hace ya algunos a\u00f1os en las revistas especializadas de Antropolog\u00eda Social aparecen art\u00edculos, discusiones y pol\u00e9micas en torno a los principios del conocimiento antropol\u00f3gico y a la legitimidad de dicho conocimiento. 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